12 de febrero de 2017

Update

Tenía mucho de no escribir en Alta Hora. Inicialmente quería escribir allá y luego vine acá a hacer catarsis de que no podía escribir, que quizá ya no valía la pena y tal.

Pero escribí.

También he vuelto a escribir en un cuaderno. Un poema.

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En días anteriores he entregado un anillo (ya tenía casa, digo, deuda por 25 años, cama y una librera que compartir, pero hacía falta el bendito anillo)  tengo una fecha, una iglesia a la que apartar esa fecha, un sacerdote que quiero que dirija el asunto en esa fecha. También tengo un lugar, un menú y una lista larga de gente con quien celebrar un amor al que le sumamos una institución social y un sacramento.
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Mi proyecto termina el otro mes. O quizá dentro de un mes más. Y estoy esperando que aparezcan noticias de otro proyecto que vengo trabajando desde hace más de un año. Mientras, sigo haciendo planes pensando en que todo puede caerse, pero haciendo planes porque así es la vida.

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Dios provee. Yo nomás tengo que cuidar mejor mi salud.




17 de julio de 2016

Compás

Viéndome a los ojos que yo escondía.
Desamarrándome letras de las manos.
Rompió el silencio. Su risa.

Fue su risa
la manera de buscarme los ojos
y sus manos.

Vuelto a la vida.
Creí.
Cesé la huida.
Callé.
Me abrí en canal.
No había más que hacer
por su mirada.
Vuelta navaja fue mi voz:
diseccionado,
descubierto.
Entonces bailó conmigo,
cadáver tieso.

22 de diciembre de 2015

Apuntes de viaje

Unos días atrás fui a por un libro que habría de regalar a mi ahora ahijado (un adolescente al que le gusta la literatura clásica, no cualquiera) y salí con su libro y otros tres para mi y el deseo de volver a por otros tantos. Hoy pensé en acomodarlos en mi librera, a la que ya casi no le cabe nada, pero desistí del intento. Sin embargo, me encontré con algunos cuadernos de cuando estaba en la universidad, y fue bonito volver a ver mis apuntes de entonces, e incluso, encontrar algunos papelitos que nos enviábamos entonces (en aquellos días en que no existía whatsapp)

Una foto publicada por Víctor Castro (@animaldecueva) el

Al tiempo que vi mis viejos cuadernos, releía textos que pasaron a ser post acá y en Alta Hora. Fue lindo releer lo escrito y notar que ahora hay cosas que me gustan más que cuando las escribí, cuando eran más un desahogo, un intento de poner ese infierno de ideas a unos centímetros de mi cabeza. Alguna vez pensé que muchas de esas entradas serían una suerte de mapa, un know how para quien habría de llegar a mi vida. No sé qué tanto lo ha sido, aunque tengo la certeza que ella ha leído muchas entradas.

Unos días atrás un amigo me dió a leer algo que está escribiendo (honor enorme para mi) y, entre la admiración por el ejercicio hecho y la identificación con algunos de sus motivos, le comentaba que al final es cierto que uno escribe, de cualquier modo, para sí mismo. Es así, al menos cuando uno se intenta acercar a las formas literarias. Releo mis blogs, mis cuadernos y veo ahí los apuntes de este viaje tremendo que es la vida.

Cierto, en cada entrada, en cada post hay jirones de piel, de corazón y entrañas. Hay un mapa de mí mismo, de mis dolores, dudas y alegrías, de mis historias y, más que nada: personas. En muchas entradas hay personas, gentes cuyo paso por mi vida me ha marcado, a veces quedó escrito de forma explícita y otras encubiertas en mi habitual verborrea.

Es hermoso poder volver a esto, y creer que puede ser que un día, más allá de mi recuerdo, alguien puede volver a escucharme hablar demasiado en estos apuntes del viaje.

Con todo y eso, sé que esto suele ser un enlace más en los muros y timelines. Y es poca la gente que va guardando en alguna manera lo que le va gustando, lo que ha sido importante. Los mismos servicios que usamos para agregar contenido nos van imponiendo la ley de lo más nuevo y escasamente da chance a volver a lo viejo (relativamente, porque esos servicios abarcarán a lo mucho la última década de nuestras historias)

Con esto digo que pese a haber crecido desde mi adolescencia cerca de internet, no termino de acostumbrarme al cómo nos va construyendo como seres de instante, incapaces de atesorar más allá de unos días los gestos del día a día. Pese a que tenemos los medios para almacenar más recuerdos o constancias de cosas que recordar, parece que hemos perdido la capacidad de volver sobre nuestros pasos. Todo es presente.

Es curiosa esa relación porque yo mismo creo en el estar aquí y ahora, pero no en la manera muchas veces inconsciente en que estamos "presentes" en el hoy. Yo mismo me atrapo en ese modo y me asusto cuando veo la facilidad con que puedo caer en ser una máquinita de aquellas que existían hace tiempo: los télex, que existían para transmitir la noticia del momento, la de última hora y en escasísimas palabras, al estilo del telégrafo.

Siendo quien soy, me niego y me rebelo contra la corriente que a veces me arrastra. En un mundo donde todo se vive para mañana, insisto en volver a donde he estado, donde he crecido, donde me he nutrido. Quizá no podría asimilar y valorar todo mi hoy sin ver esos apuntes del viaje, ver mis dudas y dolores de entonces y ver mi hermoso presente.

Hoy, que veía mis (relativamente) viejas fotos en el facebook, encontraba este texto, que puse como pie de foto en una de ellas:
No olvidemos el Goofus Bird, pájaro que construye el nido al revés y vuela para atrás, porque no le importa adónde va, sino dónde estuvo. 
(El Libro de los Seres Imaginarios - Fauna de los Estados Unidos - Jorge Luis Borges)

Dejo esto como constancia de este momento. Escribir acá es una de mis maneras de seguir ese otro consejo de Kerouac, que algunos traducen como que debemos ser poseídos por una ingenua santidad del espíritu. Aunque él escribió: "Be crazy dumbsaint of the mind".

Hacer apuntes de viaje es cosa de locos. Es grandioso estar loco.

Víctor


27 de noviembre de 2015

Apuntes de viaje

A veces no se entiende porque el sueño abandona.  Se pregunta adonde se fueron las ganas de dormir,  digamos,  de las nueve de la noche,  cuando aún es temprano,  cuando es hora en que vuelve a  casa del trabajo porque se es demasiado responsable.

Uno busca un documento porque se ha convertido en un adulto que busca documentos para conseguir otros documentos.  Se encuentra el documento y encuentra el viejo cuaderno. El amigo cuaderno de cinco o diez años atrás, que es parte de otro grupo de cuadernos de otros años atrás. Hojea uno las páginas,  siente las letras marcadas, ve los manchones, las tachaduras dolorosas de cuando se ha dicho toda la verdad o se intenta borrar la propia voz, voz que ahora resuena distinto (siempre nos escuchamos distinto a como creemos que sonamos) y nomás se recuerda,  se vuelve a lugares y personas,  al uno mismo al que dan ganas de abrazar y decirle que más adelante cambia,  y que luego vienen otros dolores y otras angustias y que nomás aceptás lo que viene saliendo; nunca vas a terminar de entender,  de todos modos. 

Algo se suelta.

Y entonces uno vuelve a hablar en el cuaderno,  porque ahí la mano,  que lleva anudadas las palabras,  se suelta y rápido, casi atravesando la hoja, se desanudan veinte líneas,  cien líneas.

Escribir me es un mecanismo,  un acto de vida, haciendo en cada letra un ejercicio (muchas veces fallido)  de muerte. Uno escribe porque necesita,  porque quiere explicarse a sí mismo,  porque sueña con la comprensión que uno y solo uno encuentra en el trazo de esas veinte,  treinta o cinco líneas.  Uno no escribe por cálculo,  uno escribe por soltar,  por acabar , por poner lejos de la cabeza esas líneas que te atraviesan, te suenan,  te aprietan dentro. Uno necesita sentir que le habla a alguien más,  metido en ese inmenso auditorio silente que de todos modos no va entender del modo en que vos entendés esas veinte o mil  líneas que casi atraviesan la página.

Ciertamente,  había que volver a aquel y a este cuaderno.

26 de octubre de 2015

[Este es un break en horas laborales extendidas]

Veo el tema del día, lo de la OMS y las carnes (google punto com -> buscar oms carnes cancer -> voy a tener suerte -> enter). 

No puedo evitar pensar en un chiste de Polo Polo, en el que un hombre va cayendo de una avioneta sin poder abrir su paracaídas y que, mientras contempla la inevitabilidad de la llegada al suelo va pensandó hacerle para morirse menos.

La vida va reduciéndose a eso. Cómo hacemos para morirnos menos.

(Fin del break)