A su momento

Amo cuando las cosas llegan sin que uno vaya teniendo que detenerlas hasta que lleguen a su momento.  O en todo caso, descubrir que llegaron cuando debían, cuando era justo, cuando eran necesarias.

Recordaba una noche de estas cómo, por ejemplo, llegué o llegaron a mi músicas y lecturas en los momentos justos, cuando estaba listo para ellas, cuando habrían de mover algo dentro, cuando no me dejarían indiferente. Pero, ojo, hablo de cosas que de verdad mueven cimientos, no de la lectura o la música que le deja a uno un sabor dulce momentáneo y luego desaparece. Letras y músicas que se quedan acompañando la vida, que evocan cierto momento o época de nuestra historia personal.

Me ha dado por escribir un poco de ello este día, de las canciones y las lecturas y su debido tiempo en mi vida. Empiezo con una fundamental, de mi adolescencia. Y aprovecho de compartir las músicas con Uds. en una lista que pretendo ir aumentando de a poco. La encuentran al ladito, aprovechando el Spotify. Cuando no esté ahí, buscaré otros medios para compartirla. 

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Who whants to live forever, de Queen. me trae siempre recuerdos de mi mejor amigo y yo. Y no por  la letra de la canción, que va de otra cosa y es condenadamente bellísima, de las mejores letras de Queen, para mi gusto. 

La canción la escuché por primera vez gracias a la serie Highlander, que - si no recuerdo mal - salía en el canal seis por la tarde. En la misma, la canción sonó en varias ocasiones y se vinculaba a la muerte de un personaje esencial para el protagonista. La serie, que giraba sobre la historia del inmortal Duncan McLeod, tenía entre sus varias sub historias, la amistad entre Duncan y Darius, otro  inmortal como él  que había dejado el camino violento de sus pares (en la serie los inmortales peleaban  entre ellos a espadazos hasta cortarse la cabeza para asi absorber la energía acumulada por el otro hasta que al final solo quedara uno). 

El episodio que recuerdo y asocio con la canción trata justamente de la muerte de Darius, mientras Duncan esparce las cenizas de este en un río y recuerda las cosas que vivieron en varios pasajes de sus largas vidas. La idea de la partida del amigo, del mejor amigo, era en cierto modo una idea fuerte, que no me dejaba quieto.  Y es que para mi adolescencia, en su ebullición de sentimientos y la intensidad con que viví muchos de ellos, la certeza de la amistad de Guidos fue un punto de ap
oyo esencial para no hundirme más allá de lo debido. 

De ahí que esa escena de la serie, amarrada a los acordes de esa canción, amarrados a la idea de lafuerza de una amistad me marcaran tanto. Nada marcó mi vida entonces como esa amistad hasta hoy. Amigos tengo varios, gracias a Dios, pero como le escribí a Guidos alguna vez, al nombrar "mejor amigo", su nombre es el que viene a mi cabeza.

En la lista dejo dos versiones de la canción: la del disco remasterizado (A kind of magic, lanzado en 1986 y que es el soundtrack de la película Highlander) y una instrumental, llamada Forever, que salió como un bonus track en la versión de CD del álbum. Si no tienen Spotify, por acá están en Youtube: original e instrumental.

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Iba a comenzar este post excusándome de no haber venido y hablar de lo lindo que fue el año pasado, pero luego pensé en porqué iba a excusarme por andar viviendo y -cuando uso la pc - gastándome los ojos en entretenerme jugando y leyendo. Así que paso adelante a este nuevo año, donde pretendo venir a escribir con alguna mayor frecuencia. 

Entre las cosas que me dejó el año pasado está un chunche electrónico que de momento me ha servido para gastarme lo que iba a ahorrar del aguinaldo, jugar Monopoly y leer libros, algunos que he querido leer hace rato y otros que merecen una nueva lectura. Con todo y que leer en el aparatito no sustituye el romanticismo del olor al papel ni la textura de las hojas nuevas o viejas, o al gusto de subrayar donde uno quiera y doblar las esquinas de manera estética, permite leer libros que no traen o ya no encuentra uno y aparte, copiar y compartir cosas. 

Así que ahí estoy leyendo cuatro cosas a la vez, entre Fontanarrosa, Perls, Lapierre y Kerouac. A ver cómo me irá hoy que ya vuelva al trabajo.  En fin, que lo que quería era compartir esto, de la autobiografía de Perls "Dentro y fuera del cubo de la basura", que anduve buscando hace ratos y al fin he podido conseguir aunque sea para verlo via pantallita. Se me hace que es otra de esas lecturas que me llegan a tiempo en la vida:

Dejemos esto a los humanos: tratar de ser algo que no se es, tener ideales que no se pueden alcanzar, estar condenados por el perfeccionismo para estar libres de críticas, y así abrir el camino a la tortura mental sin fin.
La brecha entre el potencial que uno tiene y su actualización, por un lado, y la distorsión de esta autenticidad, por el otro, se hace evidente. El “debeísmo” (debe-ismo) mete su horrible cabeza. “Debiéramos” eliminar, desposeer, reprimir, negar muchas fuentes de cosas genuinas y agregar, representar, jugar a, desarrollar roles sin apoyo de nuestro élan vital, de lo que resultan comportamientos falsos en diversos grados. En vez de la plenitud de la persona entera, tenemos la fragmentación, los conflictos, la desesperación no sentida de la mente de cartón.
La homeostasis, el sutil mecanismo del organismo autoregulante y autocontrolante, se reemplaza por una manía controladora sobreimpuesta que socava el valor de supervivencia de la persona y la especie. Los síntomas psicosomáticos, la desesperación, la lasitud y el comportamiento compulsivo reemplazan la joie de vivre.

Así nos va, por controlines.

Víctor

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